Una de las típicas cosas que se dice de los médicos es que tienen mala letra. En cuanto a su técnica de redacción, depende de cada uno. Lo que sí está claro es que si te quieres posicionar en internet como profesional de la salud, tienes que ofrecer contenido de calidad. Y si ese contenido no se entiende, aburre o no es útil, tenemos un problema.

Cómo escribir bien: la guía de cabecera para todo médico 2.0

Escribir bien se parece mucho a saber cocinar. La práctica es importante, pero no hay que dejar de lado la técnica. En este post encontrarás los trucos más esenciales para que tus textos sean fáciles de leer y, en general, mejores tu estilo.

1. Escribe para que te lean

Escribir bien no es escribir barroco o críptico. Ese es uno de los grandes errores del principiante. Escribir bien es escribir claro. El lector nunca tiene que hacer esfuerzos para entender lo que escribes. Olvídate de recursos floridos, tecnicismos, palabras rocambolescas y figuras retóricas. Utiliza palabras simples que todo el mundo entienda.

2. Estructura el texto

Todos los buenos artículos tienen este esqueleto:

  • Introducción: una apertura potente para llamar la atención y un breve resumen de lo que va a tratar el artículo.
  • Desarrollo del tema en distintos formatos:
    • Lista
    • Informativo: jerarquizado en epígrafes
    • Guía práctica (como este artículo)
  • Conclusión: resumen de los puntos esenciales del artículo en pocas frases. No repitas la introducción ni hables de un tema nuevo.

Recuerda no…

  • Salirte del asunto que te has propuesto tratar. Si en la introducción hablas de la ortodoncia lingual céntrate en ese tema. No hables de otro tipo de ortodoncia. Ya lo tratarás en otro artículo.
  • Hacer una gran introducción y luego desarrollar poco el contenido. Es un error muy común.

3. Frases y párrafos cortos

Te propongo un ejercicio. Abre un periódico y lee una noticia cualquiera. No te fijes en el contenido, sino en las oraciones. Verás que la mayoría son frases cortas que desarrollan una sola idea. Casi no se utilizan subordinadas, ni la voz pasiva, y hay más frases afirmativas que negativas.

Lee esta frase:

“Si no tomamos alguna de las comidas lo único que vamos a conseguir es llegar a la siguiente con más hambre, y seguramente vamos, no solo a recuperar las calorías que no ingerimos, sino a superarlas.”

¿No se puede hacer más sencilla y clara? Pues sí:

“Si evitamos alguna comida llegaremos a la siguiente con más hambre, y superaremos las calorías que no ingerimos entonces.”

Tan importante como escribir frases cortas es acortar los párrafos. Que no superen las 4 o 5 líneas.

4. Palabras sencillas

Utilizar un léxico simple no quiere decir que seas menos culto. No hace falta demostrar a los lectores que conoces las palabras más arcaicas del diccionario. Elige aquellas que se entiendan mejor y que a la vez refieran a cosas concretas.

Evita…

  • Las generalidades: no aportan nada al texto y generan confusión.
  • Palabras de más de 4 sílabas: busca sinónimos más cortos.
  • Los adverbios acabados en -mente: en vez de decir “Nuestro cuerpo se compone mayoritariamente de agua”, di “Nuestro cuerpo se compone sobre todo de agua”. Dos palabras siempre se leen mejor que una de 7 sílabas.

5. Ve al grano

No digas “puede hacer que nos cueste dormir por la noche” di mejor “puede impedirnos dormir por la noche”. “Impedir” es un verbo más concreto que nos permite ser más directo.

Siempre que puedas evita los dobles verbos. En vez de “estamos esperando que esta técnica resuelva los problemas” di  “esperamos que esta técnica…”. Si algo lo puedes decir con dos palabras en vez de cuatro, mejor. Y mejor aún si en vez de dos lo dices con una.

Cómo escribir bien: la guía de cabecera para todo médico 2.0

6. Muerte a redundancias y lugares comunes

“Lo vi con mis propios ojos.” “Subir para arriba.” “Sintió una sensación.” Es habitual encontrar redundancias en el habla, también en el lenguaje escrito. Elimínalas sin piedad. Tampoco aportan nada al texto los lugares comunes. Esas frases previsibles que casi no aportan información y dicen mucho de la falta de originalidad del autor. “Arrimar el hombro” o  “marco incomparable” son solo algunas de ellas.

7. Menos conectores

Relee tu texto y marca en rojo los conectores: por ejemplo, así pues, entonces, pero, aun así, por consiguiente, además, por esta razón… ¿A que has puesto demasiados? Es un recurso que hay que limitar al máximo porque entorpece la lectura. Verás cómo puedes darle la vuelta a las frases para eliminar la mayor parte.

8. Relee y tacha

Una vez acabes de escribir tu artículo, tómate un café. A la vuelta, relee el primer párrafo y sé sincero. ¿Es original? ¿Pasa algo si te lo cargas? Si la respuesta es no, ¡elimínalo! Es normal que al empezar a escribir más que contar algo interesante estés calentando motores.

Luego ve al resto del texto y marca en rojo las redundancias, los lugares comunes, las repeticiones, las pasivas, los conectores, los dobles verbos, todo lo que hemos visto que está mal. No te lleves las manos a la cabeza. Elimina lo superfluo y cambia lo necesario.

9. Deja reposar un día

Los textos son como la tortilla de patatas, están mejor al día siguiente. Intenta leer el texto con objetividad, como si no lo hubieras escrito tú.

Responde a estas preguntas:

  • ¿Tiene orden?
  • ¿Se entiende?
  • ¿Desarrollas la idea que has adelantado en la introducción?
  • ¿La conclusión es consecuente?

Reescribe las partes que necesiten mejorar. Y no te agobies. Esto es cuestión de práctica.

10. Ortografía y gramática

De nada sirven todos estos consejos si luego publicas un texto lleno de faltas de ortografía. Con un simple error al acentuar una palabra puedes acabar con tu credibilidad. Hay que prestar atención también a los errores gramaticales.

Los más comunes son:

  • Fallos en la concordancia
  • Leísmos, laísmos y loísmos
  • Dequeísmo y queísmo (mucho más común)
  • Mal uso de tiempos verbales

Si tienes dudas siempre puedes consultar en la sección de artículos temáticos del Diccionario Panhispánico de Dudas, de la RAE.

Conclusión: escribe, escribe y escribe

La única manera de redactar buenos artículos es practicar. Al principio verás que cometes fallos garrafales. No tires la toalla. Si dedicas un poco de tiempo todas las semanas mejorarás poco a poco tu técnica de redacción. Si la tortilla perfecta no está al alcance del cocinero novato, tampoco escribirás el post perfecto a la primera. Ten paciencia y constancia.

 

Experta en marketing de contenidos, redes sociales y blogging. Mi objetivo: darte las mejores herramientas para mejorar tu reputación médica online y convertirte en el mejor médico 2.0.
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