Los españoles perdimos una media de 10,4 horas en atascos entre enero y julio de 2014, según un estudio realizado por el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC) tras analizar los datos de INRIX Traffic Scorecard. ¿Cómo podemos mantener la calma durante ese tiempo que estamos atrapados entre coches en mitad de la carretera? Paula Ronco Cardoso, miembro de Saluspot y psicóloga sanitaria en RC Psicología, explica por qué nos enfadamos en los atascos y ofrece sencillas prácticas para no perder los nervios.

Es frecuente perder los nervios en un atasco de tráfico

¿Por qué nos ponemos nerviosos cuando nos quedamos atrapados con el coche en un atasco?

Todos los días, en las grandes ciudades, nos enfrentamos a atascos, semáforos en rojo, peatones, cortes de calles y múltiples circunstancias que nos dificultan la tarea de movernos en coche. Estas circunstancias pueden ponernos nerviosos por muchos motivos. Algunos son propios de la situación, ya que se necesita disponer de toda la atención para no tener un accidente, lo que eleva la tasa cardiaca y aumenta la fatiga mental, por lo que somos más vulnerables al estrés. La mayoría de los motivos que incrementan el estrés en esta situación los podemos encontrar en los pensamientos anticipatorios, pensamientos negativos sobre el futuro inmediato, como “voy a llegar tarde”, “me van a echar la bronca en el trabajo”, “no voy a llegar”…

¿Por qué tendemos a enfadarnos en situaciones que no podemos cambiar?

El enfado tan solo es la expresión de la frustración que se sufre cuando no podemos solucionar una situación y tampoco la hemos aceptado ni previsto. Por ello es una de las emociones más habituales que podemos sufrir en un atasco.

¿Tiene la claustrofobia algo que ver con ponerse nervioso en un atasco?

La claustrofobia es el miedo patológico a los sitios cerrados. Este trastorno no tiene nada que ver con ponerse nervioso en un atasco, puesto que si una persona sufriera claustrofobia severa, ni siquiera se montaría en un coche. Tendría miedo a estar en el coche encerrado, no a estar en un atasco. Por el contrario, un trastorno que sí tiene relación con el miedo a estar en un atasco es la agorafobia. La agorafobia es miedo patológico a estar en ambientes o entornos no familiares y que uno no puede controlar. Estar en un atasco sin poderte mover, sin controlar la situación, rodeado de otros coches y personas, que ni los conoces ni te son familiares ni los puedes controlar, puede provocar un ataque de pánico en medio de un atasco. Pero esto no quiere decir que si una persona tiene miedo a los atascos o se pone nervioso cuando está en uno de ellos, o se enfada, padezca de agorafobia.

Los atascos de tráfico son frecuentes en grandes ciudades.

¿Cómo puede afectarnos el sonido continuado de los cláxones?

El sonido del claxon es un sonido intenso que aparece de forma repentina, lo que provoca en el organismo un estado de alerta. Los estados de alerta se caracterizan por elevación del pulso y la frecuencia cardiaca, reorientación de la atención (miramos hacia donde hemos oído el ruido) y contracción muscular (para poder reaccionar rápidamente). Este estado de alerta es característico de estados de alto estrés agudo. Por todo esto, si ya sufrimos un alto nivel de estrés o de ansiedad, puede producir un aumento de la sintomatología ansiosa.

¿Existen otros elementos ambientales o de cualquier otra índole que influyen en nuestro carácter al estar metido en un coche?

Los elementos que más afectan a este estado emocional producido por un atasco son: no haber tenido en cuenta la posibilidad de sufrir un atasco, no asumirlo como parte del viaje o del desplazamiento, ir con prisas, haber dormido mal, el consumo de café, pensamientos como “voy a llegar tarde”, atender llamadas telefónicas en el coche… y todas las condiciones que normalmente nos aumentan el estado nervioso o el estrés en el día a día.

¿Es posible revertir ese proceso y tranquilizarse?

Es posible revertir este proceso mediante técnicas de relajación y control de pensamiento. Pero, sobre todo, es posible prevenirlo, aceptándolo como una circunstancia más de nuestro desplazamiento y saliendo con tiempo suficiente para prevenir el tiempo que podemos pasar en el trayecto, sin que altere a nuestra planificación.

El sonido del claxon pone al organismo en alerta.

¿Qué prácticas podemos poner en marcha para no perder los nervios en un atasco?

Antes de salir de casa:

  • Previsión: todos los días solemos hacer el mismo recorrido y, más o menos, sabemos qué atascos podemos encontrar. Por ello, debemos incluir este “tiempo en el atasco” dentro de nuestra planificación. Muchas veces, salir con un poco más de tiempo puede ser suficiente para tomarnos los atascos de otra forma.
  • Asumir que nos vamos a encontrar con algún atasco: si lo tomamos como una circunstancia más del camino, en lugar de frustrarnos al encontrarnos con uno de ellos, nos alegraremos el día que no nos lo encontremos.

En el atasco:

  • Si nos empezamos a enfadar: analizar lo que nos molesta y lo que está en nuestra mano para cambiarlo la próxima vez. Por ejemplo, si lo que nos molesta es que podamos llegar tarde, sabemos que el próximo día podemos salir con un poco más de tiempo. Si lo que nos molesta es estar parados, encerrados en el coche, podemos buscar alternativas como el transporte público.
  • Si notamos que empezamos a estar agresivos: esto es un signo de alto nivel de estrés. Una de las actividades que podemos practicar para bajar dicho estrés es la distracción: poner la radio o escuchar alguna canción que no podamos evitar cantar, sumar las matrículas de los coches de alrededor, o hacer palabras con las letras de las matrículas suele ayudar ya que desplazamos el foco de la atención desde el atasco, a cualquier otra actividad. Este tipo de estrategias solo son recomendadas cuando estamos parados, pues si nos empezamos a mover, podemos distraernos y tener un accidente.
  • Si nuestro discurso interno no para de darle vueltas a que llegamos tarde o pensamientos similares: debemos intentar volver a una situación más real, con una conversación interna que se centre en preguntarnos “Realmente, ¿esto es lo peor que puede pasar?”. Todos hemos llegado alguna vez tarde y no nos ha pasado nada.
  • Si nuestro nivel de estrés es tan alto que creemos que nos puede dar un ataque de pánico: lo mejor es empezar a practicar la respiración diafragmática, que consiste en respirar profundamente, provocando un movimiento en el diafragma. Para conseguir esto, al coger aire por la nariz, nos concentramos en hinchar la tripa, realizando un movimiento de la parte del ombligo hacia fuera (como si quisiéramos romper el botón del pantalón); aguantamos unos segundos el aire, y lo soltamos despacio por la boca. Si nunca lo hemos realizado antes, empezaremos con 5 respiraciones para notar una bajada notable de la ansiedad, si lo practicamos diariamente, podemos realizar hasta 15 respiraciones seguidas.
Periodista encantado de acercarte los temas de salud que más te interesan de la mano de profesionales especializados.
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