De norte a sur, la realidad latinoamericana es muy diversa, también en sus sistemas sanitarios. Y lo cierto es que no hay un único modelo exitoso. Países con sistemas políticos y económicos tan diversos como Chile y Cuba están a la cabeza de la gestión sanitaria en Latinoamérica. Veamos por qué.

Esperanza de vida y mortalidad infantil

Según Infobae, una de las maneras para establecer el buen funcionamiento de los sistemas sanitarios es la esperanza de vida. Si un país tiene una infraestructura de salud deficiente, es de suponer que su población no vivirá mucho. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Chile está a la cabeza de la esperanza de vida en Latinoamérica. La gente vive un promedio de 80 años. Después encontramos a Costa Rica y Cuba, con una media de 79, y Uruguay y Panamá con 77 años. A la cola se sitúan Haití, con 63, y Bolivia con 70.

Esperanza de vida en Latinoamérica

Otra variable a tener en cuenta es la tasa de mortalidad infantil. La asistencia sanitaria y el seguimiento médico de los recién nacidos es clave para que esta tasa sea más reducida.

Mortalidad infantil en Latinoamérica

El país de Latinoamérica que tiene la tasa más baja de mortalidad infantil es Cuba. La probabilidad de fallecer en este país antes de los cinco años es un 5,5 por cada 1000 nacidos vivos. El siguiente país con la tasa más baja de mortalidad infantil es Chile, con un 8,1., seguido de Costa Rica (9,7) y Uruguay (10,1).

A la cola de este ránking se encuentran Haití, con 69 por cada 1000 nacidos vivos, Bolivia, con 38,4, o República Dominicana, con 30,9.

Dos modelos divergentes

Al analizar estos datos lo primero que llama la atención es que los dos países que mejor situados están en las estadísticas que hemos visto corresponden a dos modelos de gestión totalmente opuestos.

El sistema cubano de salud depende completamente del estado, y es este quien ofrece asistencia médica gratuita. Solo se debe pagar por los medicamentos para pacientes ambulatorios, las prótesis auditivas, dentales (ortopédicas), gafas o elementos como sillas de ruedas o muletas. Además estos artículos están subvencionados por el estado.

En Chile la atención sanitaria está dividida en un sistema público y otro privado. Por un lado, el Fondo Nacional de Salud (FONASA) ofrece atención en hospitales públicos, además de acceder a precios subvencionados para clínicas privadas. Este fondo se financia con los impuestos de los ciudadanos. El sistema privado lo forman las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRE). Estas ofrecen seguros bastante asequibles y, en principio, una atención médica de más calidad que en los hospitales públicos. Es un sistema de aseguradoras más económico que el estadounidense, y es equiparado al de otros países desarrollados.

A priori podemos sacar la conclusión de que no hay un modelo de gestión sanitaria más eficaz que otro. ¿Cuánto invierten Cuba y Chile en sanidad? Sería de suponer que una alta inversión conlleva una mejora de la salud de los habitantes. Pero no siempre ocurre así.

¿Una gran inversión garantiza mayor salud?

Los tres países de América Latina que más invierten en sanidad son Cuba, con un 11,6 % del PIB, Paraguay, con un 9,8 % y Costa Rica, con un 9,3 %. Los que menos invierten son República Dominicana (4,3 %), Argentina (4,7 %) y Venezuela (5,2 %).

Gasto sanitario en Latinoamérica

Según estos datos, el sistema cubano y el costarricense administran bien la inversión pública en salud, dado que hay una correlación entre el gasto y los buenos resultados en cuanto esperanza de vida y mortalidad infantil.

Sin embargo, Paraguay, que es el segundo país en inversión, tiene una tasa de mortalidad infantil de 20 por cada 1000 niños nacidos vivos y tampoco está entre los países con mayor esperanza de vida de la región. Lo mismo ocurre con Brasil o Ecuador.

Chile, en cambio, aunque está situado en mitad de la tabla en cuanto a inversión, ostenta los mejores resultados en cuanto a calidad de vida y mortalidad infantil.

Con estos datos vemos que no hay una fórmula mágica en la gestión de la sanidad. No existe un único modelo de éxito. Y este depende de diversas variables. Un buen resultado siempre estará marcado tanto por la inversión como por la gestión eficaz de la misma.

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