Unicef calcula que el 20 % de los adolescentes de todo el mundo tiene problemas mentales o de comportamiento, siendo el suicidio una de las tres causas principales de mortalidad entre las personas de 15 a 35 años. La depresión es la mayor causante de estas cifras, seguida por la ansiedad y los trastornos alimenticios. Potenciar la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en uno mismo son pilares básicos, según la Organización Mundial de la Salud, para prevenir estos problemas. En España no nos quedamos atrás, los trastornos mentales afectan a un millón de jóvenes y 1,6 millones están en una situación de riesgo, según los datos de El libro blanco de la psiquiatría del niño y del adolescente publicado este año. Con motivo del Día Europeo de la juventud, entrevistamos al psicólogo Robin Rica Mora, del Instituto Centta.

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¿Se tienen realmente en cuenta los problemas mentales de salud de los jóvenes en España?

Robin Rica: Desde hace ya varios años, desde los dispositivos de salud mental se están creando unidades o servicios específicos de psiquiatría/psicología infantojuvenil ante la necesidad de abordar la problemática de esta etapa del ciclo vital de forma específica. Aun así en España la especialidad no está reconocida en psiquiatría. Estos dispositivos asistenciales se ven en estos momentos asumiendo un gran volumen de pacientes, lo cual se observa también en el ámbito privado. Cada vez acuden más familias a consulta preocupadas por la conducta o el estado de ánimo de sus hijos, lo que genera mucho desgaste en casa.

Situaciones que llevan siendo objeto de preocupación y consulta durante mucho tiempo como la conducta disruptiva, las prácticas sexuales de riesgo y sus consecuencias, los problemas relacionados con la alimentación o el consumo de sustancias, se ven ahora conviviendo con los problemas que ocasiona en muchos casos las adicciones a las nuevas tecnologías. Internet, redes sociales, WhatsApp, teléfonos móviles, etc., están ya totalmente extendidos en los llamados «nativos digitales», y en muchas ocasiones las familias no saben cómo poner límites adecuados al uso de estos dispositivos.

¿Qué factores influyen a la hora de llevar a cabo prácticas de riesgo para su salud por parte de los jóvenes?

R. R.: La sobresaturación de la información y el acceso que podemos tener todos a ella sin garantías de fiabilidad de la fuente induce en muchos casos a nuestros jóvenes a prácticas que desde luego ponen en riesgo su salud, tanto física como psicológica y emocional. Prácticas orientadas a la experimentación y búsqueda de sensaciones, o a satisfacer una necesidad imperiosa de aceptación y pertenencia, compensar nuestras propias inseguridades, etc., son algunos de los aspectos que influyen de forma directa con el comienzo o mantenimiento de prácticas potencialmente peligrosas. Nuestros jóvenes se ven en muchísimos casos carentes de las estrategias de afrontamiento, identificación y regulación emocional necesarias para desenvolverse de forma adaptativa ante las dificultades de la vida.

Por otro lado, la cultura del hedonismo y el ocio nos manda un mensaje de que hay que estar felices, alegres y activos las 24 horas y que si en algún momento no lo estás, no funcionas, y esas emociones hay que eliminarlas cuanto antes. Se nos ha enseñado a evitar a toda costa cualquier tipo de emoción negativa, cuando en realidad todo nuestro abanico emocional es adaptativo si sabemos interpretar y utilizar correctamente la información que nos mandamos a nosotros mismos. Tendemos a evitar en lugar de permitirnos estar tristes, o inseguros, y ese miedo impulsa en ocasiones a prácticas peligrosas, del tipo que sea.

 ¿Qué se puede hacer para evitar estas conductas?

R.R.: Es fundamental que nuestros jóvenes tengan las herramientas necesarias para gestionar sus vivencias a nivel emocional, así como que desarrollen la capacidad crítica necesaria para hacer frente a la presión a la que muchas veces se ven sometidos para iniciar prácticas de riesgo para su salud, con las cuales somos en muchas ocasiones, como sociedad y como individuos, bastante permisivos. No solo han de estar informados, también formados en hábitos realmente saludables.

¿Cuáles son los principales problemas de salud de nuestros jóvenes?

R. R.: Como sociedad, tenemos muchos frentes abiertos en cuanto a problemas de salud en nuestra juventud. Por ejemplo, en cuanto a enfermedades crónicas en la adolescencia, los tres primeros puestos los ocupan la obesidad, el asma y los trastornos de la conducta alimentaria. De esos 3,2 tienen un componente psicológico y emocional fundamental, tanto a la hora de entenderlos como de prevenirlos y abordarlos. En España casi un tercio de nuestros niños tiene obesidad, y de los adolescentes obesos, un 80 % lo seguirá siendo en la edad adulta. En trastornos alimentarios las tasas son muy altas en población juvenil (afecta al 12 % de jóvenes entre 14 y 20 años y 23 % en población universitaria) y parece que los planes de prevención aún no están siendo todo lo eficaces que nos gustaría en estos campos.

El consumo de sustancias, tanto institucionalizadas (alcohol y tabaco) como ilegales está, según el último informe del Plan Nacional Sobre Drogas en cotas muy superiores a la media europea. También en Enfermedades de Transmisión Sexual, aborto adolescente o maternidad/paternidad adolescente estamos en cotas muy superiores a la de nuestros vecinos de Europa.

Las llamadas adicciones sin sustancias o adicciones conductuales también están suponiendo un incremento de las consultas de psicología y psiquiatría, tanto públicas como privadas. Adicciones «nuevas» como los juegos en red multijugador, casino online, redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp, compras compulsivas, etc., traen de cabeza a personas y familias que en muchos casos no saben cómo atajar el problema.

Por último, habría que destacar que en población adolescente según la OMS la depresión es la mayor causa de incapacidad, llegando a alcanzar tasas del 15 % en estas edades. De estos adolescentes con depresión, un 8 % tendrá al menos un intento autolítico en 10 años. Estos son datos a los que no podemos darles la espalda, ya que inciden directamente en la vida de nuestros jóvenes.

¿Por qué considera que España sigue a la cabeza de la UE en los paises consumidores de cannabis y coca?

R. R.: De entrada, España no es un productor significativo de estupefacientes, pero por su situación geográfica es un punto de entrada del tráfico de drogas a Europa, sobre todo de hachís y cocaína, y eso influye significativamente en la percepción de cotidianidad de las drogas. En este sentido, hablaríamos de algunos factores macrosociales que puedan influir en que España como país y como sociedad, esté en puestos tan altos respecto al resto de países de la Unión Europea.

Dado el alto flujo de tráfico en nuestro país, la accesibilidad y la disponibilidad de las sustancias es alta, además de que el precio de las dosis es relativamente bajo. También somos un país en el que el ocio y el disfrute son un valor fundamental. De hecho, somos destino turístico de muchos de nuestros vecinos europeos, por lo que la asociación ocio-drogas-alcohol es notable. Es de sobra conocido que ciertas zonas de nuestro país están conceptualizadas fuera de España (y en muchos casos también dentro) como destinos en los que el ocio nocturno asociado al consumo es uno de los grandes atractivos. Es precisamente en esos lugares donde más «labor comercial» se realiza en torno a la estimulación del consumo de sustancias.

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¿Por qué se consume tanta droga entre los jóvenes?

R. R.: No sería justo hacer un análisis simplista de la situación del consumo de drogas en España. Es un asunto complejo que requiere comprenderlo desde un enfoque multicausal, ya que hay muchos aspectos implicados.

Según el último informe del Plan Nacional sobre Drogas publicado en el año 2013, el alcohol, el tabaco y el cannabis eran las sustancias estrella entre nuestros jóvenes de 14 a 18 años. En esta línea, los porcentajes de consumo ocasional llegan al 83,9 % en el caso del alcohol, 43,8 % en el caso del tabaco y 33,6 % en el caso del cannabis. Además son datos que no van a la baja. El consumo de alcohol entre nuestros jóvenes ha ido in crescendo desde 2010 y en 2012 el consumo de cannabis ha sufrido un repunte respecto a años anteriores. Es importante distinguir entre uso, abuso y dependencia, ya que también son conceptos que pueden dar lugar a confusión. Un uso de una sustancia hace referencia en general a una frecuencia o cantidad baja de la sustancia, que no genera consecuencias inmediatas sobre el consumidor; el abuso se refiere cuando la cantidad de la sustancia es superior o la frecuencia de su uso, generando efectos más graves en la persona. Por último, la dependencia hace referencia a aquella situación en la que se da prioridad a la conducta de consumo sobre otras conductas que antes se podrían considerar más importantes.

Otro aspecto fundamental para comprender esta problemática es la extendida permisividad que nos encontramos ante las conductas de consumo a nivel general y particularmente en población joven, cuya ilusión de invulnerabilidad y control les hace valorar menos el riesgo potencial a medio-largo plazo y más la sensación y el bienestar cortoplacista. La experimentación con sustancias se ha convertido en un hecho habitual entre los jóvenes. De hecho, un porcentaje significativo de nuestros jóvenes no considera el alcohol como una droga, o son permisivos con las llamadas «drogas blandas o recreativas» como la marihuana, cuyos efectos perjudiciales están de sobra estudiados.

¿Influye la sociedad en el consumo de sustancias de nuestros jóvenes?

R. R.: En España como en cualquier otro país, el consumo no se suele dar de forma aislada, sino que forma parte de un conjunto más amplio de situaciones problemáticas que pueda estar atravesando la persona (factores familiares, sociales, económicos, escolares, de pareja, etc.) Dada la situación a nivel macrosocial y la alta disponibilidad de las sustancias, es necesario que nuestros jóvenes aprendan a convivir con esa realidad, dotándoles de las herramientas necesarias para resistir un consumo extendido en una época en la que el proceso de socialización es vital. Familia, colegios y medios de comunicación juegan ahí un papel fundamental.

 

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