Leonardo DiCaprio ganó por fin el ansiado Oscar por la película El renacido. Lo que el actor no sabe es que este premio puede estar envenenado si no sabe gestionar bien el reconocimiento que supone. Andrés Lauro Escobal Silva, psicólogo en la consulta Andrés Escobal Silva, explica en esta entrevista cuáles son las trampas de la fama y cómo obtener un galardón puede motivarnos o hacernos perder la cabeza.

La fama puede afectar al bienestar mental a quien no tenga un sistema de valores fuerte.

¿La fama afecta al bienestar mental?

Sí, siempre que la persona que vive esa situación no tenga un sistema de valores personales lo suficientemente fuerte como para poder aceptar críticas o elogios sin que esto afecte su autoestima.

¿Cómo beneficia a un profesional ganar un premio?

Recibir un reconocimiento por la labor que realizamos es un elemento muy valorado culturalmente y que actúa como motivador para continuar perfeccionando la actividad profesional.

¿Puede ser contraproducente conseguir un reconocimiento?

Obtener un premio puede convertirse en un factor de estrés en el sentido de que aumenta la exigencia personal para que no decrezca el nivel obtenido, el nivel que ha dado lugar al reconocimiento.

¿Ser famoso te hace ser más vanidoso o estás más expuesto a serlo?

No necesariamente. Ser más o menos vanidoso está relacionado con la autoimagen que cada persona tiene de sí misma y de los valores sociales y culturales que ostente.

La fama está compuesta por un aspecto de reconocimiento y otro de presión.

¿Cuando alguien es famoso tiene más probabilidades de volverse excéntrico?

Si el famoso considera que su valía personal está asociada a ese reconocimiento público, hará lo que crea que los demás están esperando que haga. Y si eso pasa por ser excéntrico, lo será.

¿La fama puede paralizar o impedir avanzar en la carrera?

Sí, ya que la fama está compuesta por un aspecto de reconocimiento y aplausos, y por otro de una fuerte presión y la exigencia de estar siempre dispuesto a responder a “su público”.

¿Cómo evitamos que nuestro bienestar quede dañado al recibir un premio?

Debe entenderse que en el devenir natural de la labor profesional hay momentos especialmente buenos, al igual que los hay malos. No hay que creer que la parte es el todo, sino que es un momento de gloria efímera.

¿Cómo podemos gestionar la decepción de no ganar un premio al que somos candidatos?

Es importante tener presente que lo que los demás opinan sobre nuestra labor es una opinión que no se convierte en verdad: siempre son producto de la subjetividad. Por otra parte, si esta vez no ha sido posible, ya surgirán otras oportunidades.

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