Regresar de vacaciones es duro si pensamos en todo lo que se avecina: trabajo, madrugones, colegio, compromisos… Pero la vuelta a la rutina también tiene aspectos positivos y puede ser más fácil de sobrellevar siguiendo unas pautas. De esto se encarga Anna Moliner Mariano, psicóloga clínica en Institut de Diagnòstic Psicòlogic, que explica en esta entrevista las causas y las consecuencias del síndrome posvacacional y enseña trucos para enfrentarlo con optimismo.

El síndrome posvacacional provoca falta de interés y desmotivación.

¿Qué es el síndrome posvacacional?

La etapa de adaptación, transitoria y necesaria, entre el periodo vacacional y la vida activa, durante la cual se pueden producir ciertas molestias (que en principio no deberían catalogarse como enfermedad) y un menor rendimiento en nuestras actividades rutinarias.

¿Cuáles son sus síntomas?

El estrés es un proceso normal de adaptación a las demandas del entorno que conlleva cambios o reacciones en el ámbito corporal o físico, en el mental o cognitivo y en el conductual. Los síntomas físicos son: cansancio, fatiga, dolores musculares, alteraciones del sueño y del apetito, molestias estomacales, dificultades de concentración, etc. Los síntomas psíquicos se muestran a través de irritabilidad, nerviosismo, tristeza, apatía, falta de interés, desmotivación, ansiedad (preocupación, inseguridad), bloqueo, incapacidad de tomar decisiones, etc.

¿Qué grupo de población es más propenso a padecerlo?

Los estudios indican que lo sufren de forma mayoritaria los menores de 45 años, aunque cualquiera es susceptible de mostrar estos síntomas e incluso puede darse en población infantil debido a la vuelta al colegio. Hay personas más proclives a mostrar dificultades de adaptación a cualquier situación, a tolerar peor el estrés y a mostrar más ansiedad, por lo que es fácil pensar que sufrirán los síntomas del síndrome posvacacional en mayor medida.

Si no se trata a tiempo, ¿desemboca en algún problema mayor?

Si dura más de una o dos semanas, deben estudiarse las causas profundas que lo originan ya que pueden acumularse otros estresores (problemas de pareja, desempleo, enfermedad, problemas en el trabajo, etc.). En estos casos, el estrés posvacacional puede suponer un esfuerzo mayor para la persona, incrementar los síntomas de ansiedad o depresión y conllevar trastornos adaptativos y del estado de ánimo.

El síndrome posvacacional genera cansancio y alteraciones del sueño.

¿Puede el síndrome posvacacional afectar a la salud física?

Una atención no correcta de los síntomas de los trastornos de ansiedad, de la depresión o de los trastornos adaptativos puede conllevar procesos de somatización que generarían dolencias físicas: cefaleas tensionales, lumbalgias, trastornos cardiovasculares, trastornos digestivos o trastornos respiratorios. Para tratar el síndrome, se ha demostrado que las terapias cognitivo-conductuales son las más eficaces y eficientes a medio y largo plazo.

¿Qué hay de bueno en volver a la rutina?

La rutina es necesaria para dejar de tenerla en momentos como las vacaciones. Incluso un exceso de tiempo libre se convierte en rutina. La rutina nos da seguridad, nos ayuda a organizarnos y a marcarnos objetivos y retos, algo que mantiene nuestra motivación, el motor necesario.

¿Qué trucos pondremos en práctica para evitar el síndrome posvacacional?

La capacidad de adaptación es necesaria en todos los ámbitos de nuestra vida, no solo para prevenir el estrés posvacacional, por lo que animo a aplicar estos consejos en el día a día:

  • Facilitar la adaptación a la rutina de manera paulatina, no alargar las vacaciones hasta el día anterior a empezar a trabajar.
  • Regular los ritmos de sueño y la alimentación.
  • Hacer compatible la vida laboral con el ocio durante todo el año, dejar el trabajo en la oficina y aprender a desconectar.
  • Practicar deporte y actividades compatibles con la vida laboral, dedicarnos tiempo a nosotros mismos.
  • Planificar el trabajo, dar un tiempo de adaptación para abordar las actividades laborales de forma progresiva.
  • No analizar continuamente los problemas o las alternativas, ya que produce ansiedad y estrés.
  • Eliminar pensamientos recurrentes, erróneos e irracionales.
  • Tener buena predisposición y fijarse en lo positivo.
  • Tener paciencia y confiar en uno mismo. ¡Seguro que ya nos hemos adaptado a esa situación en infinidad de ocasiones!
Periodista encantado de acercarte los temas de salud que más te interesan de la mano de profesionales especializados.
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