Internet plantea ya una nueva relación entre el médico y sus pacientes. Hoy no es raro que acudamos a la consulta más informados. Pero a veces buscar en internet lo que creemos tener se puede desmadrar. Más de un médico se habrá topado con el típico paciente que en mitad de consulta le diga «mire, no creo que sea eso, he leído en internet…». Algo que asusta a muchos médicos es que se altere esa relación de arriba hacia abajo entre el médico (que solo él tiene el conocimiento) y el paciente. Pero el problema no está en perder ese lugar en el pedestal del saber, sino que la información mal manejada puede llevar a que el paciente se autodiagnostique o peor, se automedique.

Cinco ventajas de la salud 2.0 que convencerán a los más escépticos

Por este temor aún muchos profesionales de la salud se resisten a entrar en la salud 2.0. Los más escépticos ven en internet incluso una amenaza a su labor profesional, creyendo que el objetivo de la e-salud es sustituir al facultativo por un ordenador. Nada de eso, esta forma de entender la atención al paciente busca complementar (y facilitar) la labor del profesional de la salud. ¿Por qué? Porque los pacientes lo estamos demandando y porque necesitamos hacer más eficientes nuestros sistemas nacionales de salud.

Los pacientes necesitamos sentirnos mayores de edad en lo que refiere a nuestra salud. Queremos estar informados sobre tratamientos, acciones de prevención o hábitos saludables. Pero también sentimos con pesar que en la consulta no encontramos siempre lo que buscamos. Nuestro maltrecho sistema sanitario impide algunas veces una entrevista en profundidad con el médico, y no es raro salir con más dudas que cuando entramos. Según el estudio «You share, we care», el 30 % de los pacientes afirma que el médico no les informa lo suficiente y el 35 % dice que su tiempo de consulta es muy limitado. Pero además, ¿es un pecado preocuparnos, interesarnos o querer saber más de nuestra enfermedad? ¿Y ser despistados y olvidarnos de preguntar en consulta algo importante o que no hemos entendido?

Ante la salud 2.0 se puede tener dos posturas. Una negativa, que considera al paciente como alguien que carece de autonomía, un niño pequeño al que es mejor no darle herramientas de información, no sea que haga lo que no debe. Y hay otra actitud, la positiva. Hay profesionales de la salud que invitan al paciente a tomar partido en la gestión de su salud. Estos profesionales entienden que la información complementaria de calidad puede ayudar a mejorar la salud de sus pacientes y por tanto a prevenir ciertas enfermedades.

Además, se ha demostrado que la salud electrónica puede mejorar la eficiencia de los sistemas de salud. El historial médico online ahorra papel, espacio y tiempo. La telemedicina facilita el control de enfermos crónicos, reduciendo estancias de hospitalización y las urgencias; además de ahorrar en el gasto farmacéutico . Las redes sociales de salud, con su difusión de contenidos de calidad, dan pautas para prevenir enfermedades tan graves (y costosas) como el cáncer. Y la m-health y los videojuegos de salud facilitan la adherencia a los tratamientos con sus mensajes de motivación.

No todo es un camino de rosas. La e-salud plantea grandes retos. Primero, educar a los pacientes para que no se crean lo primero que leen en internet. Aquí el médico tiene mucho que aportar, ¿pues quién mejor para recomendar webs de salud que el propio facultativo? Segundo, recordarnos a los pacientes que nada puede sustituir la consulta médica. Y tercero, convencer a los profesionales de la salud más reacios de que deben estar donde están sus pacientes, porque si ellos no están en internet, ¿quién estará allí para garantizar que lo que se publica tiene validez?

Experta en marketing de contenidos, redes sociales y blogging. Mi objetivo: darte las mejores herramientas para mejorar tu reputación médica online y convertirte en el mejor médico 2.0.
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