Desde hace algunos años, los wearables se han colado en nuestra vida. Estos dispositivos inteligentes nos sirven para medir nuestro rendimiento deportivo, para no olvidar medicación, para combatir el jet lag, hasta para controlar el glaucoma. No podían faltar para un mercado muy lucrativo: el de los padres preocupados.

Wearables para vigilar al bebé: ¿es tirar el dinero?

Uno de los mayores miedos entre los papás es la muerte súbita del lactante. La incidencia de este síndrome oscila entre 0,2-0,8 por cada mil nacidos vivos en Latinoamérica y entre 1,5 y 2 en la Unión Europea. Dispositivos como Owlet o Sproutling ofrecen a los padres la tranquilidad de saber que su bebé será monitorizado en todo momento y dan la señal de alarma cuando algo no va bien.

Buena idea, ¿no? En el anuncio de Owlet, una madre comenta que la salud de tus hijos no tiene precio. Bueno, en este caso, sí: unos 250 dólares. ¿Es realmente útil este tipo de tecnología? ¿No estamos alarmando a los padres con una campaña de publicidad agresiva?

Es lo que opinan en el Children’s Hospital de Filadelfia. Pediatras y neonatólogos de este centro han publicado recientemente en la Revista de la Asociación Médica Americana (JAMA) el estudio The Emerging Market of Smartphone-Integrated Infant Physiologic Monitors. Según su investigación, no hay evidencia de que estos dispositivos sean beneficiosos, sobre todo en bebés sanos. Ni siquiera confían en que ofrezcan resultados o mediciones fiables. El problema además radica en que estos wearables no están regulados por la Food and Drug Administration (FDA), por ello las pruebas realizadas para verificar su calidad y seguridad carecen de fiabilidad.

Aun ofreciendo datos certeros, el estudio pone en duda que estos wearables sean apropiados para su uso en bebés sanos. Añaden que una lectura anormal de un dato puede llevar al sobrediagnóstico, cosa que no beneficia al paciente. Por no hablar de una saturación de las urgencias médicas y la realización de pruebas médicas y analíticas innecesarias.

La doctora Elizabeth E. Foglia, neonatóloga y coautora del estudio opina que hoy por hoy estos dispositivos no ofrecen garantías suficientes de efectividad, aunque en el futuro pueden ofrecer beneficios reales en niños vulnerables.

Esos 250 dólares gastados poco pueden hacer para prevenir el síndrome de la muerte súbita del lactante. Sobre todo porque la causa se desconoce. Según la Foundation for the Study of Infant Deaths y el Departamento de Salud del Reino Unido, las recomendaciones para reducir el síndrome son entre otras, evitar el tabaco en el embarazo y no fumar en la habitación donde se encuentra el bebé, acostar al bebé boca arriba en una cuna en la habitación de los padres, dar el pecho o controlar que su temperatura es la correcta.

Si tu hijo está sano, lo mejor es seguir las indicaciones de su pediatra y usar el sentido común. Eso sí no tiene precio.

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